sábado, 19 de octubre de 2013

Tema 8- LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI



"Y aun si mi hijo fuera hereje, yo mismo traería la leña para quemarle", Felipe II

8.1.-  El Imperio de Carlos V. Conflictos internos: Comunidades y Germanías
Carlos I accede al poder el 4 de Noviembre de 1517, tanto él como sus herederos intentaron que sobreviviera la unidad Imperio-Cristiandad, pero ya durante su reinado esta idea no fue viable al imponerse el modelo de Estados-Nación que acabaron con la unidad medieval y con Castilla como fuerza hegemónica en Europa.
Carlos I hereda un inmenso imperio que incluye todos los territorios de sus abuelos (Castilla, Aragón, Las Indias),  de su padre (Países Bajos, El Franco Condado, Borgoña), los territorios de los Habsburgo (Austria, Viril, Estira, Corintia, el norte de Italia) y es elegido emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico. Pese a ello el núcleo de su reino se constituyó entorno a Castilla, lo que implicó que fuera visto como un rey extranjero, al que se unen dos problemas importantes: el absentismo real por largos períodos debido a sus ingentes compromisos internacionales y el aumento de las contribuciones solicitadas a las Cortes para sufragar sus ingentes gastos como rey-emperador.
Esto provocó conflictos como el de los Comuneros (1520-1521): Los comuneros contaban con el apoyo de la Iglesia y del patriciado urbano, defendiendo los privilegios de las ciudades, el rechazo a los cortesanos flamencos, la oposición a una regencia presidida por Adriano de Utrecht, así como la legitimidad de doña Juana como reina de Castilla.
En 1520 Juan de Padilla en Toledo se alza como líder de los comuneros creando la Junta Santa, tomando Tordesillas pero sin conseguir que la Reina Juana acepte la corona. Frente a ello, Carlos y el regente reaccionan rebajando los impuestos y firmando acuerdos con la alta nobleza castellana, derrotando a los comuneros en Villalar (1521). Los líderes comuneros (Bravo, Padilla y Maldonado) son ejecutados.
Y el de  Las Germanías: En 1519 los gremios de Valencia y Mallorca iniciaron una revuelta. Sus motivos fueron la presión fiscal, la ausencia del rey y el abandono de Valencia por parte de la nobleza durante una epidemia que asoló la ciudad, junto a la amenaza de las naves turcas que merodeaban por las costas valencianas.
Los gremios controlaron las principales ciudades y formaron la Junta de los Trece, pero con el apoyo de la nueva virreina Germana de Foix, la nobleza acabó con Las Germanías.
Conviene insertar estos conflictos en la tendencia centrifuga de la nobleza castellana que cada vez se posiciona más como un elemento “nacional”. Esta idea queda clara en las peticiones que se le hacían al Emperador: que no abandonase el país, que no sacase más dinero a Castilla y que los extranjeros no ocupasen cargos en los territorios castellanos.


8.2. La monarquía hispánica de Felipe II: La unidad ibérica
Tras la abdicación de Carlos V en 1556, su hijo Felipe II hereda un enorme imperio formado por Castilla y sus territorios de ultramar, Aragón y sus posesiones mediterráneas, los Países Bajos y el Franco-Condado (Austria  y el título de Emperador del Sacro Imperio se lo deja a su hermano Fernando).
Sigue las líneas de su padre: defensa permanente del catolicismo y lucha por la hegemonía europea, lo que le lleva a enfrentamientos con distintos territorios:
Francia es derrotada en la batalla de San Quintín, obligando a firmar a Enrique II la paz de Cateau-Cambresis (1559) en la que renuncia a intervenir en Italia.
Organización de la Liga Santa (Papado y Venecia) ante la amenaza turca en el Mediterráneo, derrotando a los turcos en Lepanto (1571).
En los Países Bajos tuvo que enfrentarse con los holandeses (de mayoría calvinista y dirigidos por  Guillermo de Orange) que contaban con el apoyo de Inglaterra y algunos príncipes alemanes. Su dominación fue imposible y el conflicto se mantuvo hasta su independencia en 1648 durante el reinado de Felipe IV.
La guerra contra Inglaterra por el apoyo a los holandeses, a los corsarios Drake y Hawkins que interceptaban los barcos españoles y la ejecución de la reina católica María Estuardo, terminó con el desastre de la Armada Invencible (1588), evidente signo del inicio de la decadencia hispánica en Europa.
En política interior tuvo que hacer frente a la rebelión de los moriscos en la Alpujarras (1568) y al problema con el Justicia Mayor de Aragón (Juan de Lanuza), que protegió  a Antonio Pérez , primer secretario del rey acusado de intrigar contra la corona y que al ser aragonés y estar en conflicto con el Rey pidió ayuda a Lanuza.

La unión de las coronas de España y Portugal fue el mayor éxito político y diplomático de Felipe II y estuvo determinado por el azar y la política matrimonial practicada por los Reyes Católicos.
Tras la muerte sin descendencia del rey portugués Sebastián de Avís (1578), Felipe II reivindica sus legítimos derechos al trono ante el nuevo rey, el anciano cardenal D. Enrique, frente al otro aspirante, D. Antonio, prior de Crato. Felipe II, para apoyar su petición, envía entonces un ejército encabezado por el duque de Alba que derrotó al prior de Crato.
Tras la muerte del cardenal D. Enrique, Felipe II llegó a un acuerdo con la nobleza portuguesa en las Cortes de Tomar (1581) por el cual es reconocido rey a cambio de jurar las leyes de Portugal y establecer en su ausencia un virreinato o regencia en la figura de un portugués.
Portugal estuvo unido a España hasta su definitiva independencia en 1640 (Felipe IV), siendo este periodo el de mayor extensión de territorios de ultramar, al unir a las españolas, las posesiones portuguesas.


8.3  El modelo político de los Austrias. La Unión de reinos.
 Los Habsburgo o Austrias continuaron y desarrollaron la organización  política heredada de los Reyes Católicos. Procuraron rodearse de  funcionarios expertos en leyes que no pertenecían a la alta nobleza. De esta manera, apartaron a la aristocracia del poder de la Corte, permitiendo que el poder político quedara centralizado en sus  manos,  pero siempre respetaron las instituciones y fueros tradicionales de sus reinos, aunque surgieran conflictos.
La alta nobleza siguió jugando un papel muy importante, detentaba los  altos cargos  del ejército, de la marina y de la diplomacia, pero siempre subordinada a la corona.
Castilla se convirtió en el centro del Imperio. Esto ocurrió en mayor  medida con Felipe II que con su padre, Carlos V. En los demás reinos y posesiones se establecieron Virreyes (Aragón, Indias, Italia) o Gobernadores (Países Bajos, Milán). Estos cargos fueron ejercidos por altos nobles o miembros de la familia real.
El Rey estaba asesorado por los Consejos. Estos  podían ser sectoriales (Hacienda, Estado, Guerra…) o territoriales (Castilla, Aragón,  Indias, Italia…). Estaban formados por letrados, nobles y alto clero y  tenían un carácter meramente consultivo. El Rey tenía la última palabra.
Pese a todo Carlos V, tuvo un concepto patrimonial de sus reinos y nunca los consideró una unidad, de hecho juró las Cortes de sus respectivos reinos entendiendo con ello que respetaba sus derechos. Este concepto patrimonial del Imperio condujo, por un lado a la congelación de los sistemas constitucionales de los territorios y sobre todo evitó que estos se asociaran económica y políticamente lo que hubiera contribuido a crear un sentimiento de participación en una empresa común que nunca existió y que explica los conflictos internos que luego se sucederían.
Carlos I vivió volcado en la política imperial y el gobierno efectivo recayó en Francisco de Cobos que los detento durante 20 años, con una situación interna relativamente tranquila debido al carácter estático del imperialismo de Carlos V y al agotamiento de la nación debida a las constantes guerras.

Carlos V y Felipe II despacharon los asuntos cotidianamente con consejeros de su máxima confianza, los Secretarios, que hacían de intermediarios entre el rey y los Consejos. Algunos, como Antonio Pérez  con Felipe II, alcanzaron una gran influencia.
La administración territorial mantuvo la estructura heredada de los  Reyes Católicos. Los Corregidores, designados por la Corona, tenían el control de las ciudades. Otros cargos de la burocracia eran los Contadores y recaudadores de impuestos, y los Alguaciles que hacían  funciones de policía. Las Chancillerías y las Audiencias se encargaron de la administración de  justicia.

En cuanto a las claves del reinado de Felipe II y a su concepción de la monarquía, estas podrían resumirse  en una profunda burocratización de la administración (se impone la administración escrita), un profundo proceso de centralización que comienza con la declaración de la Villa de Madrid como la capital de la monarquía en 1561, esto supone el paso de un imperio europeo de base flamenca a otro de base castellana y con una clara vocación atlántica que nace en bancarrota (se dieron 3 a lo largo de su reinado) y con graves problemas interiores y exteriores de herejía. Se consolida este proceso de centralización con la creación del Consejo de Hacienda (1522-24), el Consejo de Indias, El Consejo de Italia que quita competencias a Aragón y consolidándose el Consejo de Castilla como el órgano principal de gobierno de la monarquía. El sistema esencialmente consistía en una acción real con asesoramiento de los Consejos.  Pese a la capitalidad de Madrid en Castilla, mantuvo el concepto patrimonial heredado de su padre. De hecho en el conflicto suscitado con Aragón por su secretario, Felipe II se reservó el derecho de nombrar al Justicia Mayor pero reconoció y juró sus fueros.
Felipe II intento canalizar las rivalidades aristocráticas que fueron muchas (Princesa de Eboli y su secretario Antonio Pérez contra el bando del Duque de Alba por ejemplo) organizándolos en partidos en base a parentesco y clientela en el Consejo de Estado, donde todos podían dar sus puntos de vista pero manteniéndoles alejados del poder cotidiano.


8.4- Economía y sociedad en la España del siglo XVI
La agricultura castellana se vio relegada durante mucho tiempo por los intereses laneros ahora se le reclamaba trigo para hacer frente al mercado interior y americano, pero está claro que muchos años de abandono y desidia en cuanto a los avances en su mejora hicieron que no pudiera responder. La falta de elementos técnicos y la pertinaz sequía hacía imposible aumentar la producción. Para conseguir este objetivo se recurrió a roturar nuevas tierras con la idea: nuevos arriendos, nuevas rentas pero sin mejorar la productividad, el problema endémico continua.
La industria textil tampoco funcionó como hubiera sido deseable ya que los precios también aumentaron al necesitar mano de obra externa a los círculos urbanos, a ello debemos unir la competencia extranjera en precios y calidad que llevaron a la crisis de la industria.
El Nuevo Mundo en teoría suponía una gran beneficio para Castilla: potencialidad de un gran mercado y suministrados de artículos escasos en la metrópoli (oro y plata), pero el impacto fue negativo: el incremento de la demanda sobre una economía subdesarrollada hizo que esta demanda no se pudiera cubrir con una estructura agraria primitiva y con escasez de mano de obra lo que hizo que muchos sectores limitaran su efectividad económica. En lugar de aumentar la producción aumentaron los precios y el castellano medio perdió su nivel de vida no pudiendo siquiera subsistir. Al tener que liberar las importaciones, el problema se agravó por la competencia de productos extranjeros que ocuparon el mercado interior y el americano. La sociedad se dualizó aún más ya que los únicos beneficiarios de este proceso fueron los terratenientes asentistas que vieron aumentar sus rentas pero sin mejorar la economía general que drenó toda su liquidez hacia Europa, donde sí se desarrolló una economía precapitalista que aquí no existió por razones también ideológicas.
El fracaso económico de Castilla, está íntimamente vinculada a la mala gestión del Nuevo Mundo y tiene cuatro causas fundamentales: No se explotaron sistemáticamente los recursos americanos, sólo los mineros; No se desarrolló en América una economía complementaria de las castellana; No se resolvió el problema de los navíos, imprescindible para asegurar un verdadero monopolio del comercio con América; No se encontró un procedimiento adecuado para utilizar el flujo de plata a favor de la economía castellana.
En cuanto a la economía financiera Carlos V hipotecó los recursos presentes y futuros de España con banqueros italianos (Fugger, Welter). Esta situación fue sancionada con las 3 bancarrotas que sufrió Felipe II y que rompieron definitivamente la economía española por mucho tiempo. Con Felipe II además Países Bajos e Italia dejaron de aportar a la Corona y esto hizo que todo el peso recayera en Castilla y también en Aragón aunque en mucha menor medida. Esta situación se explica a partir de tres ideas fundamentales:
Se estableció un dominio por parte de banqueros extranjeros sobre las fuentes de riqueza españolas. Se estableció que Castilla llevaría el peso de la carga tributaria de España, no existió unidad económica. Las clases castellanas sobre las que recayó casi todo el peso fiscal eran las menos apropiadas para soportarlo, por su deficiente estructura productiva.

En el plano estrictamente social estamos ante una sociedad rígida y estamental que vive de un orgullo mal entendido cuyo ejemplo más paradigmático son los fijo d’algo y los procesos de pureza de sangre. La estructura de propiedad feudal se mantiene ocupando nobleza y clero el 75%  del terrazgo siendo solo el 25% propiedad de Concejos y Ayuntamientos. El cuadro social podría establecerse: Una aristocracia inmovilista y absentista que no paga impuesto, un clero feudal con exenciones fiscales, una burguesía esencialmente comercial muy focalizada en la costa cantábrica y levante que es esencialmente asentista y no emprendedora. Un pueblo en la miseria que se dedica al vagabundeo y al bandolerismo que también ilustró la novela picaresca. Se consolidan instituciones sociales muy perniciosas para la evolución social como unos gremios muy cerrados y con una estructura feudal que impidieron la evolución de las técnicas de producción e imposibilitaron la inversión productiva. El mayorazgo también resultó letal al llevar a gran número de segundones al clero lo que dispara sus miembros y hace de esta institución un elemento parasitario de la sociedad que se intentó reformar con el cobro de los excusados pero no se consiguió plenamente en este período.

8.5 Cultura y mentalidades. La Inquisición
Toda esta realidad social y económica puede permitirnos hablar de que la necesidad agudiza el ingenio y el siglo XVI, será nuestro siglo de oro pese al analfabetismo mayoritario de la población. La Novela Picaresca, El Quijote son dos buenos ejemplos de esta eclosión cultural. Pero también la crítica política en Fuenteovejuna (el mejor alcalde el Rey) o en el Alcalde de Zalamea o Peribañez el Comendador de Ocaña, donde se critica la sociedad estamental y señorial. El desarrollo de la imprenta fue clave en este proceso. El Teatro jugó un papel clave con figuras como Lope, Calderón, Tirso de Molina que supieron encauzar la cultura popular en los escenarios de las plazas públicas compitiendo con los autos de fe. La Contrarreforma y la defensa de los principios católicos dejaron cumbres de la poesía y del misticismo como Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Garcilaso, o la épica de Ercilla. La crítica socio-económica de autores como Quevedo o las grandes disputas intelectuales como las protagonizadas por Góngora y el propio Quevedo nos habla de una auténtica revolución cultural en medio de la peor de las condiciones económicas. El avance en la ciencias sociales y el derecho son muy importantes con figuras como Francisco de Vitoria, Suárez (Derecho Internacional), economía con figuras como (Azpilicueta o Mercado) y grandes lingüistas como Lebrija o precursores de la educación y la docencia como Luis Vives.
En las artes destacan grandes obras arquitectónicas como el Escorial, El palacio de Carlos V en la Alhambra. Los grandes pintores venecianos Tiziano, Tintoretto, El Verones, el Greco y toda la pintura contra reformista como Martínez Montañés, Pedro de Mesa, Alonso Cano.
España se convierte en el gran defensor de las ideas Contra-reformistas, donde la Inquisición jugará un papel esencial al intentar poner coto a la llegada de las ideas erasmistas y protestantes a nuestro país. Las ideas humanistas y antropocéntricas que se imponían en Europa fueron perseguidas en la Península de forma feroz. Los procesos de pureza de sangre se utilizaron como mecanismo de control ideológico para intentar frenar la difusión de ideas contrarias a la concepción monolítica de una idea de Cristiandad que ya no era operativa. Los grandes teólogos españoles como Francisco Suárez, Melchor Cano, fueron los artífices del pensamiento de la Contrarreforma. En general, la filosofía resultó una prolongación de la Escolástica medieval, pero con algunas innovaciones fundamentales como la Mística, la Hagiografía (Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine) y el trabajo en la Paleografía y Diplomática (Petrarca vs Mabillon) a fin de poner las bases de la veracidad y comprensión de los textos históricos que justificaban un determinado planteamiento ideológico.
JV
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